El misterio de los Dogones

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El misterio Dogón es uno de los enigmas más fascinantes que nos podemos encontrar actualmente y la ciencia oficial lo califica como un caso de “contaminación científica”. Pero el misterio no es tan sencillo de esclarecer, puesto que conocían la existencia de ciertas estrellas las cuales fueron descubiertas posteriormente a dicha “contaminación” e incluso, en el caso de una de ellas (Sirio C), incluso en la actualidad solo tenemos indicios de su existencia. Según una tradición dogona unos dioses anfibios (llamados ‘Nommo’) llegaron en tiempos remotos desde el cielo en un barco volador y les transmitieron este conocimiento.

Un poco de historia:

En 1976, el escritor anglo-americano Robert K.G: Temple publicó ‘El misterio de Sirio’, un libro en el que sostenía la tesis de que unos extraterrestres, que habrían entrado en contacto con la civilización egipcia hace unos 5.000 años, habrían comunicado sus extraordinarios conocimientos de astronomía, y estos conocimientos habrían sido transferidos por los egipcios a los dogones. Como Sirio era tan importante para los egipcios, pusieron mucho énfasis en comunicar sus conocimientos. Naturalmente los extraterrestres fueron incorporados a la arcaica tradición dogona como los dioses Nommo. Temple incluso llega a encontrar indicios en la cultura dogona de la posibilidad de que Sirio fuese una estrella triple, argumentando que conocían la existencia tanto de Sirio B como de Sirio C.

Los avanzados conocimientos del pueblo dogón sobre la estrella Sirio se han considerado un misterio durante décadas. Sin telescopios ni otros medios tecnológicos, ¿cómo alcanzaron los dogones esos conocimientos?

Sirio, la estrella más brillante del cielo nocturno, es visible desde el polo sur terrestre hasta las latitudes de Islandia. Desde las civilizaciones más antiguas su intenso brillo siempre ha fomentado la curiosidad y fantasía del hombre; en Egipto, por citar un ejemplo, el día de su aparición sobre el horizonte después de un periodo de invisibilidad (lo que los astrónomos llaman el ‘orto helíaco’) marcaba el inicio de las inundaciones del Nilo.

Sirio debe su intenso brillo aparente a su proximidad a la Tierra, pues se encuentra a una distancia de tan sólo 8,6 años-luz. La estrella que nos fascina a simple vista es dos veces más masiva y 25 veces más luminosa que el Sol y tiene un rápido movimiento propio en el cielo.

Sirio B no es mas que una estrella enana blanca, un pequeñísimo residuo estelar compacto e inerte. Aunque tiene la mitad de la masa del Sol, Sirio B es del tamaño de nuestro planeta Tierra. Por su débil brillo y su proximidad a la deslumbrante Sirio A, es imposible observar Sirio B sin un buen telescopio.

Sirio A y Sirio B se encuentran ligadas gravitacionalmente. Más recientemente se han detectado ciertas anomalías en el movimiento orbital de Sirio B que podrían explicarse con la presencia de una hipotética tercera estrella, Sirio C, que a pesar de los esfuerzos de los astrónomos nunca ha sido observada, por lo que su existencia resulta aún incierta.

El antropólogo francés Marcel Griaule (1898-1956) estudió a los dogones durante los últimos 25 años de su vida. Analizó sus tradiciones y creencias gracias a unas extensas conversaciones con el chamán ciego Ogotemeli. El contenido de éstas fue recogido documentalmente por Germaine Dieterlen (1903-1999), estrecha colaboradora de Griaule, en su libro ‘Le renard pâle’. Y es aquí donde entran Sirio y otros astros.

Relatan Griaule y Dieterlen que, cada 50 años aproximadamente, los dogones celebraban una fiesta llamada ‘sigui’ que estaba íntimamente relacionada con la estrella Sirio. Según Dieterlen, Ogotomeli habría revelado a Griaule unos conocimientos avanzadísimos de astronomía. Los dogones atávicos ya conocían los anillos de Saturno, los cuatro satélites galileanos de Júpiter y, lo que es aún más sorprendente, sabían perfectamente que Sirio era una estrella doble. Es más, la periodicidad de 50 años de la fiesta sigui tendría su raíz en el periodo orbital de Sirio B.

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Chaman Ogotemeli.

 

Puntos a favor de la teoría:

En 1965, la antropóloga francesa Germaine Dieterlen (1903-1999) ―que viajó varias veces con Griaule a Malí― publicó Le renard pâle, donde sostenía que el chamán Ogotemeli, en sus charlas con Griaule (ahora fallecido desde hacía nueve años):

  • habría descrito a la Luna como «seca y estéril»
  • habría dicho que el planeta Júpiter tiene varios satélites (aunque se quedó bastante corto en el número)
  • Ogotemeli habría dicho conocer los anillos de Saturno
  • habría dicho que Sirio es un sistema triple (Sigui Tolo, o ‘estrella del Sigui’) formado por una estrella gemela (Po Tolo, «tan pesada que todos los hombres del planeta no podrían levantarla») y por una tercera estrella (Emme Ya) 4 veces más liviana que Po Tolo.

Puntos en contra

  • Todos los supuestos conocimientos de los dogón coinciden con los conocimientos astronómicos alcanzados en Occidente a principios del siglo XX (Excepto los de Sirio B y Sirio C) y coinciden con los errores de la misma época.
  • En esa información se incluyen varios errores obvios, muy poco probables viniendo de una civilización tecnológicamente avanzada.
  • No existe ningún registro previo a los años cuarenta del saber astronómico de los dogón.
  • La evidencia material respecto a ese extraordinario saber es ambigua y sujeta a interpretaciones arbitrarias, como el famoso «huevo del mundo» (dibujo de un sólido), transformado en un diagrama orbital (una elipse).
  • Toda la leyenda del saber secreto que tienen los dogón acerca de Sirio se basa en una única fuente (Griaule), y las aseveraciones de esa única fuente no han podido ser confirmadas por muchos otros investigadores que han trabajado sobre el terreno. Dicho de otra manera, no ha existido una verificación independiente de los datos.

Sabemos que Sirio también tiene una fuerte relación con los Egipcios, e incluso existen indicios que desde la antiguedad se la conocía como una estrella triple. ¿Es este un conocimiento adquirido y perdido de la civilización humana, el cual solo en la actualidad estamos volviendo a recuperar? ¿Existen más conocimientos de este tipo?

Fuentes: 

Elaboración propia y artículo de Rafael Bachiller para el periódico el mundo. Director del Observatorio Astronómico Nacional (Instituto Geográfico Nacional) y académico de la Real Academia de Doctores de España

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