Gustavo Adolfo Bécquer

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Hoy se cumplen 146 años del fallecimiento de Gustavo Adolfo Domínguez Bastida, aunque el nombre que le daría la fama y la inmortalidad sería el de Gustavo Adolfo Bécquer. El apellido, al parecer, pertenecía a sus antepasados originarios de Flandes y ya su padre lo había utilizado antes como nombre artístico. Un hombre que, como tantos otros genios, moriría sin conocer la gran fama que alcanzaron sus obras, haciéndolo además en la más absoluta soledad. Como reza una de sus rimas, la rima LXI, publicadas de forma póstuma, el maestro intuía la cercana muerte y era consciente de que nadie estaría ya junto a él.

“Al ver mis horas de fiebre
e insomnio lentas pasar,
a la orilla de mi lecho,
¿quién se sentará?
…………………..
¿Quién, en fin, al otro día,
cuando el sol vuelva a brillar,
de que pasé por el mundo,
¿quién se acordará?

Nació en Sevilla, el 17 de febrero de 1836. Su padre fue pintor y su madre ama de casa. Hasta los diez años estudió en la escuela, pero como esta cerró fue su madrina, Manuela Monahay, la que se hizo cargo de su educación, mujer leída que le enseño latín y a amar la literatura.

Algunos años después, se fue junto con su hermano Valeriano a Madrid, escribió y colaboró en varias publicaciones artísticas y fundó, junto a algunos amigos, la revista “España Artística”. Aunque durante toda su vida publicó numerosas obras y artículos, su situación económica era bastante precaria y además estaba enfermo continuamente, de hecho, debido a la inestabilidad en su salud en 1863, tuvo que buscar retiro en el monasterio de Veruela desde donde escribió las “cartas desde mi celda” la enfermedad, la tristeza y la melancolía le acompañarían en su corta vida. Tuvo numerosas amantes, algunas como Julia Espín fueron verdaderas musas para el poeta, pero casi todas lo abandonaron y acabó casándose con Casta Esteban, la hija de su médico.

Tuvieron tres hijos, pero al parecer Gustavo dudaba de la paternidad del último, pues su matrimonio nunca llegó a funcionar verdaderamente bien y sospechaba que su mujer le era infiel. Finalmente en 1868 junto con sus dos hijos y su hermano Valeriano, abandona Madrid y se instala en Toledo. No es algo definitivo pues sabe que pronto debe volver a Madrid, le han ofrecido la dirección del periódico “La ilustración de Madrid”. Pero su hermano Valeriano fallece repentinamente hundiendo al poeta todavía más. Nunca se recuperará de esa pérdida, solo dos meses más tarde y con solo treinta y cuatro años, la tuberculosis acaba con la vida del gran poeta.

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Cuenta la leyenda que en su agonía, Gustavo pidió a su amigo Gustavo Ferrán que publicara sus rimas, pues tenía la impresión de que serían más valiosas una vez estuviera muerto. Le pidió también que cuidara de sus hijos y sus últimas palabras fueron “Todo mortal”.

Las “Leyendas” escritas por Bécquer son un gran misterio, aparentemente son simplemente un conjunto de historias y narraciones que nacen de la inventiva de un escritor, pero hay muchos que afirman que lo que el autor hace es recoger las palabras de aquellos que conocían bien las leyendas o fueron quizás protagonistas de ellas, pues sus datos y localizaciones son tan concretos que no parecen ser fruto de la imaginación de alguien ¿fue Gustavo Adolfo Bécquer un buscador del misterio? En su rima IV nos deja alguna pista…

“…Mientras la humana ciencia no descubra
las fuentes de la vida,
y en el mar o en el cielo haya un abismo
que al cálculo resista,
mientras la humanidad siempre avanzando
no sepa a do camina,
mientras haya un misterio para el hombre,
¡habrá poesía!

Carolina García Alvarado

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