Las reliquias “Cole” sobre la pirámide de Kefrén

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En 1946, un químico británico, Herbert Cole, el cual estaba destinado en Egipto con las fuerzas armadas británicas, fue llamado para dirigir las labores de fumigación en la segunda pirámide de Guiza (Kefrén), la cual llevaba cerrada desde el comienzo de la guerra.

Cole, cogió su equipo y se dirigió a la pirámide para arreglar las aspas de algunos ventiladores que se habían instalado en las juntas de algunos bloques de piedra caliza original de la pirámide. Mientras realizaba su trabajo, se dio cuenta que entre una de las juntas, se encontraban aplastados unos trozos de madera y un hueso de un dedo humano.

Cole recogió estas reliquias y se las llevó de vuelta a Inglaterra, donde permanecieron en su casa en Buckinghamshire hasta su muerte en 1993. Unos años más tarde, su hijo, Michael Cole, se puso en contacto con el ingeniero y escritor Robert Bauval (autor de El Misterio de Orión) y le envió el dedo y la pieza de madera en Octubre de 1998.

Michael Cole le comentaba en una de sus cartas:

Durante la instalación de las unidades de extracción de aire, que conllevaba la inserción de apoyos en alguno de los huecos de los bloques de la pirámide, un trozo de madera y un hueso que fue identificado como parte de un dedo humano, fueron extraídos de la unión de dos bloques. La madera se rompió inmediatamente en 4 trozos de los cuales mi padre pudo conservar tres. Le envío uno de ellos y el hueso junto a esta carta. Mi padre decía que en la posición en la que fueron encontrados es concordante con la construcción de la pirámide. Su teoría es que el hueso pertenecería a la mano de un trabajador, la cual se quedaría atrapada cuando el bloque se puso en su lugar…

Robert Bauval se entrevistó personalmente con el hijo de Cole para ver el resto de piezas de madera y, posteriormente, fue al Museo Británico para concertar una datación de Carbono 14 con los profesionales que allí se encontraban. En el museo le dijeron que la mayor eminencia con experiencia para dichas dataciones era Zahi Hawass en Egipto.

A finales de 1998, Bauval se dirigió a El Cairo para enseñar las reliquias al Doctor Hawass, el cual, inmediatamente, expresó sus dudas sobre el origen de las reliquias y sobre el resultado de la datación. En pocas palabras, se negó a hacer la datación al no encontrar ninguna razón de peso en ello.

En este punto es cuando el investigador y escritor español Javier Sierra se puso en contacto con Robert Bauval para hacerse cargo de la datación y sufragar todos los gastos. Para ello buscó la asesoración del Dr. Fernan Alonso del Laboratorio de Geocronología. Las piezas se enviaron a Arizona, en Estados Unidos, y hubo de esperar todo un año para saber el resultado de la datación.

Los trozos de madera.

En primer lugar llegaron los resultados de la pieza de madera, la cual fue datada entre el 395 a.C y el 157 a.C. con un 95% de probabilidad.

Estos resultados son intrigantes por el hecho de conocer cuándo fue reabierta la pirámide de Kefrén después de ser sellada por sus constructores. Herodoto, quien visitó la explanada de Guiza en el siglo V a.C, aparentemente no vio entradas en esta pirámide. Lo mismo relató Diodoro de Sicilia (Siglo I a.C) y por Plinio el viejo (Siglo I d.C.)

Siempre se ha pensado que la pirámide de Kefrén fue profanada en épocas antiguas, posiblemente en el Primer Periodo Intermedio y, después, su entrada fue de nuevo cubierta, sellada y olvidada otra vez. ¿Pero seguirían selladas cuando Herodoto visitó Guiza en el 450 a.C.? ¿Se abrieron por primera vez en época ptolemaica? ¿Por qué no las vio Diodoro en el 60 a.C?

Se sabe de todas formas, que la pirámide de Kefrén fue profanada también por los árabes en el siglo XII d.C. cuando abrieron un túnel en la cara norte de la pirámide por encima de la entrada original.  No existen registros de este evento excepto unos grafitis encontrados en las paredes de las dos cámaras. Extrañamente, las entradas fueron de nuevo cubiertas y olvidadas. Quizás por el terremoto que asoló a la ciudad de El Cairo en el siglo XIII d.C. Tanto el túnel excavado por los árabes como las dos entradas originales, fueron redescubiertas por Belzoni en el año 1818, el cual limpió la entrada original superior para poder acceder a la pirámide. Más tarde, en 1837 el Coronel Vyse limpió la entrada inferior.

Los resultados del hueso.

Sorprendentemente, el resultado dado por los tests de Carbono 14 sobre el hueso del dedo descubierto por Herbet Cole, lo sitúa en torno al 1837-1909 de nuestra era. Si atendemos a la fecha más inferior (1837) concuerda con la época en la que el Coronel Vyse se fue abriendo paso con explosivos. Por lo que nos podemos imaginar que pudo pertenecer a algún desafortunado trabajador árabe al que le explotó la dinamita en la mano y su dedo fuera desgarrado.

Los resultados de ambas pruebas no arrojaron datos satisfactorios para datar la construcción de la pirámide de Kefrén, pero, por otro lado, gracias a la ciencia actual, nos permitió saber épocas en las que dicho monumento fue profanado. Todo dato extraído es valioso y nos permite acercarnos más a la historia de los monumentos más grandes de la humanidad.

Fuente: http://www.robertbauval.co.uk/articles/articles/DE49.html

 

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