Madame Curie

Si fuera necesario elegir a una sola mujer en la historia que ofreció su vida en pos de la ciencia, del progreso y del conocimiento más absoluto esta sería sin duda Marie Curie.

Marie Curie no fue solo una destacada científica, que ya es mucho decir cuando hablamos de los siglos XIX y XX, además de eso con su trabajo lograría cambiar el curso de la ciencia para siempre.

Marie nació en el 7 de Noviembre de 1867 en un pequeño apartamento del número 16 de la calle Freta, del casco antiguo de Varsovia. Se la bautizó con el nombre de Maria Salomea por ser el nombre de sus dos abuelas. Sus padres, el físico y matemático Władysław Skłodowski y su madre Bronisława Boguska, una culta y destacada maestra de escuela, ya tenían cuatro hijos cuando Maria llegó al mundo.

Bronislawa Boguska, madre de Marie
Wladyslaw Sklodowski, padre de Marie

 

Los hermanos Sklodowski y la pequeña Marie

Maria creció y pasó su infancia rodeada de ciencia y conocimiento, además de disfrutar de un cierto acomodamiento social que sin duda le proporcionó una distendida y feliz niñez. Con tan sólo un año de vida, la familia se trasladó a un barrio de las afueras de la ciudad cuando su padre fue contratado como profesor de física en una escuela de secundaria.

En ese momento Polonia se encontraba dividida, ciudades como Cracovia y Varsovia se hallaban bajo el dominio ruso. El colegio que había contratado al padre de Maria había establecido que todas las clases se impartieran únicamente en idioma ruso. Władysław de sentimiento profundamente nacionalista y opositor al dominio de Rusia sobre su país, tuvo que esforzarse mucho en no manifestar nunca su orientación política ya que quería conservar ese trabajo, estaba muy bien remunerado y además el colegio se hacía cargo del alquiler  de la nueva casa. La madre de Maria dejó su labor como maestra en la escuela del centro de Varsovia porque la distancia era demasiado grande y se dedicó a enseñar y educar a sus hijos desde casa. Todos eran muy inteligentes y les gustaba aprender y estudiar, pero la pequeña Maria ya destacaba entre todos ellos.

Uno de los peores momentos en la vida de la científica fue sin duda cuando cumplió diez años. En 1878, su madre, enferma de tuberculosis, falleció repentinamente al mismo tiempo que su padre perdía el puesto de profesor adjunto en la escuela polaca. Además sólo cuatro años antes, la familia había perdido también a Zosia, la mayor de los hermanos, afectada de la misma enfermedad que su madre.

Maria se volvió introvertida y distante, su actitud era demasiado seria y no parecía ser adecuada para su edad. Su padre decidió enviarla a la escuela pública Gimnasium numero tres en el centro de Varsovia donde realizó los estudios de secundaria. Sus notas fueron brillantes, todos veían en ella un gran futuro y ella misma ya se veía accediendo a la universidad. En 1883 y con dieciséis años cualquier muchacha de la época únicamente soñaba con un matrimonio feliz y longevo, los pensamientos de Maria eran bien distintos, siempre la dirigieron hacia el estudio y el conocimiento. Consciente de que la universidad de Varsovia todavía no aceptaba a mujeres, sus pensamientos se dirigieron hacia las de San Petersburgo y Paris, donde desde no hacía mucho aceptaban nuevas alumnas, ahora solo debía de encontrar el modo de poder llegar hasta ellas. Aunque antes de que eso sucediera y junto a su hermana Bronisława, ingresó en la clandestina “universidad flotante” en Varsovia donde todas aquellas mujeres que querían ampliar sus estudios académicos tras finalizar los de secundaría acudían cada noche a recibir clases.

Maria encontró al fin el modo de poder viajar y costearse sus estudios en Paris. Como su hermana también quería ingresar en la universidad francesa para cursar medicina y su padre a duras penas podía pagar siquiera los costosos estudios a una de ellas, las hermanas decidieron que sería Bronislawa la que viajara primero, mientras, Maria trabajaría en Varsovia como institutriz y dando clases particulares, de ese modo ahorraría todo el dinero posible y se lo enviaría a su hermana en París. Pactaron que en cuatro años Maria viajaría también a Francia y que Bronislawa la ayudaría económicamente y le devolvería el favor.

Así que, en 1890 Maria recibió un telegrama de su hermana donde le decía que la esperaba en Paris el próximo invierno. Por un momento le asaltó la duda de elegir que estudiar en la universidad, y es que se sentía tan atraída por diferentes materias que no era capaz de decidirse. Pero finalmente y en 1891 Maria se matriculó en la facultad de física de la universidad de la Sorbona de Paris, lo hizo utilizando la versión de su nombre en francés, pasando a llamarse desde ese instante Marie.

En esa época, la universidad de Paris contaba con alrededor de unos 2000 estudiantes de los cuales poco más de 20 eran mujeres y Marie fue además la primera de ellas en asistir a las clases de física. Durante esos primeros años realmente nunca fue valorada por su calidad de mujer, no la consideraban tan inteligente o resolutiva como un hombre, por ello Marie día tras día tuvo que demostrar que se hallaban en un error. Dejó el apartamento que compartía en Paris junto con su hermana Bronislawa para trasladarse a uno mucho más tranquilo que le permitiera concentrarse en sus estudios. Nunca salía como el resto de alumnos de la universidad, siempre estaba inmersa en sus estudios, no hacía otra cosa que no estuviera relacionado con ellos. Consiguió finalizar la licenciatura de física con unas excelentes notas muy por encima del resto de sus compañeros.

Marie comenzaba a crear una gran admiración entre muchas mujeres, algunas de ellas notablemente ricas que le ofrecieron una beca para continuar con sus estudios. Jadwiga Dydynska fue una de ellas, y gracias a su ayuda económica obtuvo una segunda licenciatura en matemáticas en 1894.

El mismo año en el que conocería a su futuro marido, Pierre Curie.

A Marie, una vez finalizó sus años de universidad, le ofrecieron rápidamente un puesto de trabajo en el laboratorio de Gabriel Lippmann, que había sido uno de sus profesores en la universidad de Paris. Marie que tenía la tarea de estudiar el magnetismo que producía el acero, encontraba aquel laboratorio pequeño y en el que apenas podía concentrarse, por eso pidió ayuda a otro profesor para que la ayudara a buscar un lugar mejor para trabajar.

Y de esa forma le presentaron a Pierre, un científico que trabaja para la Escuela de Física y Química Industrial de Paris, gran conocedor del acero y su reacción magnética y que le ofrece de forma inmediata el uso de su laboratorio para que pueda trabajar en el.

Pierre Curie

La atracción es instantánea, aunque parece que ambos en un principio parecen resistirse al compromiso. Finalmente el 12 de julio de 1895 contrajeron matrimonio en el ayuntamiento del pequeño pueblo de Sceaux, a las afueras de Paris. Aunque modesta y sencilla fue una ceremonia a la que acudieron tanto el padre de Marie y sus hermanos como la familia de Pierre. No demoraron mucho su regreso a la ciudad, unos días mas tarde alquilaban un pequeño apartamento en la Rue de la Glaciere, en el centro de Paris.

Marie que aunque ya contaba con una doble titulación universitaria ansiaba conseguir un doctorado. El tema de sus tesis lo consensuó junto a Pierre. Seleccionaron uno de los temas que aún permanecían en ese momento en terreno desconocido en las investigaciones científicas, la procedencia de la energía del uranio para oscurecer las emulsiones fotográficas. Antes de finalizarlo, en 1897 Marie dio a luz a su primera hija, Irene.

Con la ayuda de su suegro, que era médico y había enviudado un año antes, consiguió compatibilizar sus labores de madre y su trabajo de laboratorio junto a su marido.

Un nuevo elemento

Un par de años antes, en 1895 el físico Röntgen había descubierto los rayos x y Marie que había seguido su trabajo decidió continuar investigando las diferentes corrientes eléctricas que creaba el uranio u otros materiales que emitían rayos, como el torio. La investigación la llevó a cabo junto a Pierre.Trabajaron sobre un compuesto que contenía uranio llamado pechblenda. Una vez aislado el uranio y habiéndolo extraído de la pechblenda, ambos se dieron cuenta de que esta continuaba emitiendo una radiación muy alta, lo que significaba que debía contener algún tipo de elemento desconocido hasta el momento.

De esa forma se descubrió el polonio, que fue nombrado así en honor al país natal de la científica. Pocos meses después descubriría un segundo elemento, el radio (del latín radium, rayo). Pese a haber descubierto estos dos elementos, no era suficiente, tenían que encontrar la forma de aislarlos completamente para demostrar su existencia. Además de haber descubierto estos dos elementos, el matrimonio halló algo sorprendente, se dieron cuenta de que cuando un paciente que ha desarrollado una enfermedad tumoral se exponía al radio las células enfermas y formadoras de tumores eran destruidas más rápido que las células sanas. Era un hallazgo y un avance para la medicina definitivo que ayudaría enormemente en los tratamientos y curas de los enfermos de cáncer. Habían descubierto la radioterapia. Aun así habrían de pasar cuatro años más, pues no fue hasta 1903 cuando al fin su trabajo fue reconocido de forma mundial. Por este descubrimiento se les otorgó a ambos el premio nobel de Física , que compartieron también con el científico Becquerel, que había iniciado la investigación de la emisión de rayos de uranio.

Un año después nació su segunda hija Eve. El matrimonio se encontraba en una buena situación, tras recibir el Nobel y la concesión de la medalla Davy de la Royal Society se creó en 1904 una cátedra específica para Pierre, dotada de un laboratorio que dirigiría la misma Marie.

No pudieron disfrutar por mucho tiempo de esa felicidad, pues Pierre murió arrollado por un carruaje en una calle de Paris en 1906.

La muerte de Pierre, que dejaba viuda a Marie con solo 39 años, la dejó desolada. Alguna que otra leyenda cuenta que, inmersa en el dolor y la desesperación llegó a contactar con diferentes médiums en espera de poder comunicarse con el espíritu de su difunto esposo. Pero lo que de verdad aliviaba la pena de haber perdido a su compañero del alma era el trabajo. Así que continuó concentrada en su labor en el laboratorio de París y consiguió finalmente aislar el radio como metal. Logró ganar por ello un segundo premio Nobel, esta vez en química, pero pese a ello no se le permitió el acceso a la Academia Francesa de Ciencia, el motivo era evidente, primero porque se trataba de una mujer y segundo porque en algunos círculos de Paris circulaba el rumor de había mantenido relaciones amorosas con un físico que al parecer estaba casado.

Nunca he creído que por ser mujer debía recibir un mejor trato, si lo creyera yo misma estaría reconociendo ser inferior a un hombre

La gran guerra

En septiembre de 1914 el norte de Francia es atacado por tropas alemanas, Marie huye hacia el sur del país, y lo hace llevando con ella una gran cantidad de radio queriendo evitar así que el material sea encontrado por el enemigo. Además, Marie  conocía bien los efectos del radio en la medicina y sabía que su uso podría salvar muchas vidas. Vendió las medallas de oro que le habían sido otorgadas por sus descubrimientos para poder financiar su gran proyecto.

De una forma rápida, resolutiva y eficaz, Marie ayudada por su hija mayor Irene, transformó varios camiones Renault en verdaderas unidades móviles de rayos x, que serían enviados a diferentes frentes. Y no solo eso, además aprendió a conducir para ser ella misma la que llevara una de las unidades hasta las filas de defensa del frente francés, además de trabajar allí de forma incansable. A los camiones se les conoció cono los “Petites Curies”, los médicos salvaron cientos de vidas de soldados gracias a las radiografías que se pudieron hacer a los heridos, por primera vez los sanitarios podían localizar mejor las lesiones y esto les hacía operar de forma más precisa.

Marie junto a unos de sus camiones

Marie no dejo de investigar y trabajar durante toda su vida. Aunque en ese momento se desconociesen los efectos a largo plazo de la exposición continua al radio, pues Marie incluso llegó a llevar tubos de ensayo con isótopos radiactivos en los bolsillos y almacenarlos en su propio escritorio (ella solía decir que le resultaban muy útiles al emitir una pequeña luz) Marie si era consciente de las dolencias que le estaba causando, temblores, ceguera crónica en uno de sus ojos, cansancio, fatiga, dolores articulares… Su cuerpo había estado demasiado tiempo expuesto a la radiación y el 4 de julio de 1934 fallecía a la edad de 66 años en el sanatorio de Sancellemoz.

“No hay que temer a nada en la vida, solo hay que comprender.” Marie Curie.

 

Tumba de Madame Curie en Paris

Marie Curie no fue una científica, ella en sí misma fue pura ciencia. La única mujer de toda la historia que ha ganado dos premios Nobel, la primera mujer en doctorarse en ciencias en la universidad de la Sorbona, la primera profesora de física que impartió clases en Paris. Marie, al margen de que conociera o no las letales consecuencias que le traería su continua exposición al radio, sacrificó su vida en busca del conocimiento y del estudio, del trabajo y la dedicación. Millones de vidas se han salvado y se salvan hoy en día gracias al uso de la radioterapia, su obra y su espíritu seguirán vivos entre nosotros para siempre. Su legado es amplio, su hija, su nieto, su bisnieto… Todos continuaron perfeccionando el estudio de la física. Sirva su historia como ejemplo para que nunca, perdamos la fe en el ser humano.

Familia Curie

 

Carolina García Alvarado

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