Matar a Rasputín

“Como testigo íntimamente vinculado a los acontecimientos que se desarrollaron en torno al trono de Rusia, tenía la obligación de contribuir a que la verdad más absoluta saliera a la luz. En nombre de esa verdad quisiera contar aquí todo aquello cuanto vi y oí. Por ello he decidido contar el penoso sentimiento que oprime mi corazón al evocar el pasado, y aunque todavía me siento embargado ante la idea de que, a pesar de nuestro esfuerzo por liberar a Rusia y a la dinastía de las garras de Rasputín, la influencia nefasta de aquella miserable criatura tuvo como epílogo la matanza salvaje de la familia imperial en los sótanos de la casa Ipatiev, en Ekaterinburg.” Félix Yusupov.

Estas fueron las palabras que incluyó el príncipe Félix Yusupov en el prólogo de su libro “El final de Rasputín”. El asesino confeso de Grigori Rasputín, publicó este libro en 1927, diez años después de haber acabado con la vida de aquel al que llamaban “el monje loco”.

Félix Yusupov

Realmente ¿era Rasputín tan peligroso? ¿Tanta influencia llegó a tener sobre los zares para que se creara una conspiración contra él y asesinarlo?

Grigori Rasputín

Grigori Yefímovich Rasputín nació un frío día de Enero de 1869, en un pequeño pueblo de Siberia, Pokróvskoye, en la región de Tobolsk. Su familia, campesinos ortodoxos, eran como cualquier otra familia de la estepa siberiana. Se dedicaban únicamente al duro trabajo del campo y todos eran prácticamente analfabetos. Ni Rasputín, ni ninguno de sus hermanos, fueron nunca a la escuela. Con sólo dieciocho años se casó con una muchacha de su aldea y en poco tiempo tuvieron tres hijos. Parece ser que su vida hasta entonces estaba siendo completamente normal, hasta que en un momento de ella realizó una visita al monasterio de San Nicolás, el más antiguo de los monasterios de los montes Urales. La visita de jóvenes a este tipo de comunidades religiosas era y sigue siendo habitual en la zona.  Además desde el siglo XIX, en la zona de Siberia, la búsqueda de la espiritualidad y el conocimiento interior era perseguido por muchos jóvenes y Rasputín fue uno de ellos.

Tras su retiro, Rasputín se convirtió en un verdadero  místico.  Cuentan que cuando regresó a su pueblo natal se unió a la oscura secta de los  jlysti (que en ruso significa flagelante o azotado). En la secta, se practicaban y se llevaban a cabo todo tipo de depravaciones de índole sexual y castigo físico, según ellos, de esa manera conseguían comunicarse con Dios. Rápidamente Rasputín se convirtió en uno de sus líderes abandonando a su joven esposa y a sus tres pequeños hijos.

Rasputín consiguió reunir un pequeño grupo de seguidores que lo idolatraban y lo seguían a todas partes, aseguraba que estaba en permanente contacto con la virgen María y que era el enviado de Dios para salvar al mundo de un inminente final.

Rasputín impartiendo la absolución

Todos aquellos que seguían su doctrina estaban seguros de que Rasputín era el verdadero profeta que además de salvarles del fuego eterno podía curar y sanar todas sus enfermedades terrenales. Su fama iba en aumento, su nombre se conoció rápidamente en los pueblos y aldeas de la Rusia rural de principios de siglo. Muchos fueron los que comenzaron a solicitar los servicios del “monje loco”.

De esa forma y con esas credenciales, Grigori llegó hasta San Petersburgo. Había conseguido que su nombre fuera ya conocido en algunas de las casas más importantes y nobles de Rusia. Sabido es el interés que muchos nobles y aristócratas han mantenido desde la antigüedad por las ciencias ocultas y el misticismo. Una de esas ilustres personas fue la Gran Duquesa Militza,  que como aficionada al ocultismo, introdujo a Rasputín hasta, lo que podríamos decir, “las habitaciones palaciegas”.

Militza de Montenegro, Gran Duquesa de Rusia

La familia Imperial

Los última de las familias imperiales

La dinastía Romanov gobernaba Rusia desde hacía más de cuatrocientos años, en 1904 la última de las familias imperiales tenía ya cinco hijos. El primogénito, el zarévich, Aleksei había nacido ese mismo año. Fue un gran acontecimiento tanto para la familia como para toda Rusia, puesto que los zares hasta el momento en que había nacido Aleksei ya tenían cuatro hijas, ansiaban y deseaban un heredero que perpetuara la monarquía.

Pero Aleksei no iba a ser el príncipe que ellos esperaban, desde su nacimiento fue notable su debilidad y su estado continuamente enfermizo. Se desconoce si la enfermedad que sufría el heredero era la hemofilia o la porfíria, ambas enfermedades hereditarias que afectaban al sistema circulatorio y sanguíneo y que fueron transmitidas a todas las monarquías europeas a través de matrimonios y uniones desde tiempos de Jorge III (1738-1820).

Siendo muy niño, durante una de sus crisis, la zarina, conociendo los poderes sanadores de Rasputín de los que tanto le había hablado su amiga la Gran Duquesa, lo hizo llamar para que curara a su hijo. No sólo se trató de esa vez, cada cierto tiempo Rasputín se encargaba de la salud del zarévich y de aliviar todos sus dolores. De forma milagrosa, el pequeño príncipe mejoraba día tras día cada vez que aquel monje le imponía sus manos, esto hizo que la zarina creyera fervientemente en la santidad del siberiano.

El zarevich Aleksei Romanov

Pero no sólo fue la zarina quien quedo obnubilada por el aparente poder de sanación de Rasputín. El zar Nicolás siguiendo la devoción que su mujer profesaba a la figura de aquel extraño personaje comenzó también a creer que se hallaban frente a una divinidad y comenzó a concederle ciertos privilegios en la corte nunca antes vistos.

Al parecer Rasputín salía y entraba a placer de palacio, llegaba incluso a compartir algunos periodos vacacionales con la familia Romanov, lo mantenían siempre cerca de ellos por si el zarévich sufría alguna de sus habituales crisis. Pero además de los Romanov, otras familias de nobles habían quedado impresionadas por el staret (pese a que realmente un staret era un consejero o maestro en monasterios y Rasputín nunca lo fue, sus seguidores solían darle ese trato) Era bien acogido también en sus casas, les gustaba escuchar su sermón, dicen que sus palabras (un tanto inconexas en ocasiones, pero al fin y al cabo, propias de místicos e iluminados)estaban cargadas de espiritualidad y sabiduría.

Pero no toda la nobleza rusa estaba tan subyugada por la personalidad y las habilidades de Rasputín, existía un grupo de aristócratas a los que les incomodaba la sola presencia del siberiano. A Vladimir Purishkevich, diputado de la Duma; el príncipe Félix Yusupov y al Gran Duque Dimitri Pávlovich no les gustaba que Rasputín se encontrara tan cerca de los zares y que tuviera además tanta influencia sobre ellos.

En 1916, en plena guerra mundial, los ejércitos del zar eran superados y derrotados por los soldados alemanes en la mayoría de los frentes. Muchos nobles dirigían sus desconfiadas miradas hacia la zarina, de origen alemán. Creían que el palacio real se encontraba lleno de traidores y además mantenían la idea de que Rasputín, con su carácter fanático, tosco y libertino estaba llevando al trono de Rusia a la decadencia más absoluta. Se sintieron en el deber de salvar el país, y la única forma de hacerlo era eliminando a Rasputín para siempre.

“La siniestra sombra arrojada por Rasputín en el trono hacía temblar de indignación a toda Rusia” Félix Yusupov, El final de Rasputín, 1927.

Duro de matar

El palacio de Moika, la residencia de la familia Yusupov, fue el lugar elegido, la fecha, la noche del 29 de diciembre de 1916 y los conspiradores, orquestados por Yusupov, habían preparado de forma milimétrica el asesinato de Rasputín.

No fue difícil hacer que el monje acudiera esa fría noche de invierno hasta la casa de Félix, se le argumentó que Irina, la bella esposa del príncipe, deseaba conocerlo desde hacía mucho tiempo aconsejada por su tío, el zar Nicolás II.

Irina Alexandrovna, esposa de Felix Yusupov

Yusupov había instalado en el sótano de la casa un pequeño comedor, donde en una gran mesa había preparado una serie de dulces y pasteles que sabía serían del gusto de Rasputín. Según el propio Félix en su libro sobre la muerte de Rasputín, fue un médico llamado Lazovert, que colaboraba con ellos, quien se encargó de reducir los cristales de cianuro de potasio en polvo y esparcirlos entre los pasteles. La dosis, asegura, era la suficiente para provocar la muerte instantánea de varias personas. Además vertieron más cantidad de polvo de cianuro en su copa de vino. Parecía que la muerte por envenenamiento estaba asegurada.

Yusupov recogió a Rasputín en su casa y juntos llegaron hasta la residencia de Moika. Le hizo creer que su esposa se encontraba con unos amigos en el piso superior, que no tardarían en marcharse y que mientras podían bajar al comedor del sótano y comer algo. Rasputín por supuesto accedió. Cuando se encontraron frente a la gran mesa, Yusupov le ofreció los dulces inmediatamente junto con una copa de vino. Rasputín comió un par de pasteles y se bebió la copa entera. Yusupov estaba muy nervioso, sabía que de un momento a otro Rasputín caería al suelo envenenado. Pero el príncipe no salía de su estupor, no podía creer lo que estaba pasando, cuando ya había transcurrido más de una hora, Rasputín permanecía totalmente sereno y sin ningún signo de encontrarse mal. ¿Cómo era posible? La cantidad de veneno era muy alta, debería de haber muerto casi al instante.

La leyenda cuenta, que desde que Rasputín comenzó a relacionarse con la nobleza rusa, previendo que su vida se encontraría continuamente amenazada, se había acostumbrado a ingerir pequeñas dosis de cianuro todos los días con el objetivo de inmunizar su cuerpo ante el veneno. Además Grigori Rasputín era un hombre que medía casi dos metros y pesaba más de noventa kilos, su gigantesca corpulencia lo convertía en un gigante que sin duda sería muy difícil de matar.

Inmediatamente Yusupov supo que tendría que pasar a la segunda fase de la conspiración. Dejó a Rasputín en el sótano excusándose para subir al piso de arriba y comprobar que su mujer se encontraba bien. Los conspiradores no daban crédito a que Rasputín todavía siguiera vivo, acordaron que Yusupov bajara de nuevo hasta el sótano con su revólver y le disparara directamente. Quizá el monje podría resistir al veneno pero las balas acabarían finalmente con él.

Yusupov, que nunca había matado a nadie a sangre fría, disparó a Rasputín nada más descender por las escaleras y este cayó fulminado inmediatamente. El resto de conspiradores, Vladimir Purishkevich, el Gran Duque Dimitri Pávlovich y el médico Lazovert acudieron rápidamente hasta el lugar para comprobar que finalmente habían acabado con la vida de Grigori. Se había pactado que dos de ellos fingirían que acompañaban a Rasputín a su casa, por si la policía secreta les hubiera seguido al dirigirse a la casa de Moika, y un tercero se haría pasar por el starets, para que pareciera que Rasputín, tras la cena con el príncipe había vuelto a casa. El plan continuaría después trasladando el cadáver de Rasputín hasta la isla Petrowski donde se desharían de él.

Yusupov que se había quedado en la casa junto con el oficial Iván Sujotin, quinto conjurado en el asesinato, vigilaba constantemente el pulso de Rasputín, no cabía duda, estaba muerto, pero no podía dejar de comprobarlo.

Mientras esperaban al resto, Yusupov bajó al sótano para limpiar la sangre que había emanado del cuerpo de Rasputín. Cuando lo cogió por las piernas para arrastrarlo, de repente Rasputín abrió uno de sus ojos, se incorporó y agarró fuertemente el cuello de Yusupov mientras emitía gruñidos y alaridos.

“Aquella criatura envenenada y con el corazón atravesado por una bala, aquel cuerpo que los poderes del mal parecían haber reanimado para vengarse de su derrota, presentaba un aspecto tan aterrador, tan monstruoso, que cuando piensa en ello no puedo evitar que me recorra un escalofrío” Yusupov. El final de Rasputín.

Yusupov gritó al oficial para que le ayudara porque creía Rasputín acabaría asfixiándolo, rápidamente Sujotin bajó las escaleras empuñando un revolver, Rasputín al verlo cargó contra él derribándolo y consiguió salir del sótano, corrió hasta el patio, rompió la puerta exterior que se encontraba cerrada y salió al exterior gritando. Pero el oficial consiguió dispararle tres veces antes de que se alejara y finalmente cayó abatido. Aun así no parecía estar muerto pues se revolvía de dolor en el suelo. Poco después llegaron el resto de conspiradores y finalmente decidieron llevar el cuerpo del starets hasta la isla de Petrowski y arrojarlo al río.

Yusupov se quedó en Moika y terminó de limpiar la sangre y las posibles pruebas que lo incriminaban.

El cuerpo

El cuerpo de Grigori Rasputín se encontró el día 3 de enero en el rio Neva. La autopsia dictaminó que había muerto ahogado. Ni los cuatro disparos sufridos, ni el veneno introducido en su cuerpo habían acabado con la vida del monje loco. Ni siquiera las bajas temperaturas del rio habían conseguido matar a Rasputín.

Pese a que se llevó una investigación a cabo para descubrir a los asesinos y había pruebas suficientes para acusarlos e incriminarlos, ninguno de los hombres que habían participado en el asesinato fueron nunca condenados por ello.

El cuerpo de Rasputín

La profecía de Rasputín

Como todo buen místico, Rasputín nos legó alguna que otra profecía. Se desconoce si, como muchas veces ha sucedido, estas fueron escritas posteriormente a la muerte de Grigori o fueron formuladas por él mismo.

Parece ser que Rasputín le aseguró al zar, que si él mismo fuera asesinado por conjura de nobles y aristócratas, la familia real sería también asesinada sólo dos años después que él.

Y sus palabras se cumplieron con una extraña precisión, pues el zar Nicolás II fue ejecutado junto a su familia el 17 de Julio de 1918, y al igual que Rasputín el asesinato se cometió en los sótanos de una gran mansión y también fueron llevados hasta allí bajo mentiras.

Si los asesinos de Rasputín pensaron que dando muerte al staret iban a conseguir la salvación y liberación del pueblo ruso, desde luego se equivocaron. Sabemos que ocurrió en el país en los años siguientes, la mayoría de nobles y aristócratas tuvieron que exiliarse y muchos fueron asesinados.

La pregunta es inevitable ¿de verdad era tan peligroso Rasputín? Seguramente era un personaje que por su comportamiento, su vida libertina y sus excesos no era bien recibido por muchos, pero ¿llegar hasta el punto de asesinarlo de esa forma tan cruel?

Con los años se han sucedido las razones y los motivos que llevaron a urdir su muerte, algunos de ellos dicen que realmente el príncipe Yusupov, que era homosexual en la sombra, estaba enamorado de Rasputín y no siendo correspondido decidió convencer al resto de nobles para que lo ayudaran y matarlo. Otros, afirman que Rasputín, que era conocedor de la belleza de la mujer de Yusupov, Irina (pese a que jamás la conoció en persona) estaba interesado en seducirla y Yusupov sabiendo del poder de seducción con el que Rasputín contaba, quiso eliminarlo antes de que eso pasara. Sean estas u otras las razones, lo cierto es que el nombre de Grigori Rasputín es y será recordado en la historia . Aun cuando no llevó a cabo ninguna proeza o heroicidad y el príncipe Félix Yusopov, habiendo llegado a ser el hombre más rico de Rusia a principios del siglo XIX, solo es conocido simplemente, como el hombre que mató a Rasputín.

Carolina García Alvarado

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