Un libro prohibido, una excomunión y una Papisa

 

Es curioso como algunas veces, las leyendas pasan de ser quimeras o simples epopeyas resistiendo el paso del tiempo y convirtiéndose finalmente en historias. Si la iglesia lo silenció o no, pasa por nuestra creencia o pensamiento. No existe afirmación rotunda de lo ocurrido, tampoco de lo contrario, aunque de una y otra parte encontramos indicios que nos hacen pensar que pudo ser verdad lo entonces acontecido, y de no ser de ese modo, ingeniosa, curiosa y tal vez irreverente es la historia que Emmanuel Royidis nos presenta.

La leyenda que continuó siendo conocida y sabida por años venideros comenzó con una crónica de un monje benedictino alemán llamado Marianus Scotus, quien en el año 1083 la incluyó en su Historiographi, donde asegura que en el año 854 «El Papa León murió en las Calendas de agosto y fue reemplazado por Juana, una mujer, que reinó por dos años, cinco meses, y cuatro días».

Otro monje, también benedictino en el año 1112, en una de sus crónicas nos deja escrito lo siguiente; «Se rumora que este Juan es una mujer, y conocida así solamente por su familiares (compañero) que terminó embarazándola. Dio a luz mientras era Papa, debido a lo cual ciertas gentes no la cuentan entre los papas…».Y del mismo modo sitúa tal acontecimiento en el año 854.

Tras ellos, algunos cronistas más como Gotfrid de Viterbo o Martín Von Troppau, también conocido como Martin de Opava, se sumaron a aumentar la leyenda haciéndose eco de tales sucesos acaecidos citándolos en diferente relatos. Pero de forma muy curiosa, Von Troppau, en el año1265 le da una cierta veracidad, que al menos nos invita a pensar que el mito esta vez sí pudo ser una realidad, pues cuando se convierte en capellán y representante papal accede a los archivos vaticanos para elaborar su obra Chronicon Pontifican et Imperator y en ella cita el caso de la llamada Papisa Juana.

Martin de Opava, representado como el arzobispo de Gniezno, en un manuscrito de 1535

A pesar de que la leyenda de algún modo siguió viva, porque de nuevo encontramos varias y diferentes reseñas de algunos hagiógrafos de la época, es en el siglo XVI cuando los historiadores católicos la dan finalmente como falsa, aunque otros, como los luteranos y protestantes insisten en su existencia, algo completamente lógico, pues también era una forma de desacreditar y atacar a la iglesia católica y a su jerarquía.

El libro prohibido

En 1886 se publicó en Atenas un libro que volvería a poner en duda la existencia de la Papisa, cuya figura había sido desacreditada ya tres siglos atrás y había caído en el olvido. Naturalmente la iglesia ortodoxa se horrorizó al ver que se propagaba de nuevo e inmediatamente prohibió el libro, de él se afirmó que era  “nocivo para el alma y para el cuerpo” excomulgando también a su autor y acusándolo de impío y de mente diabólica. No obstante, tiempo antes de ser prohibido, la difusión del libro en Grecia y en algunos países europeos alcanzó un gran éxito, siendo leído por miles de personas.

El escritor de esta obra fue Emmanuel Royidis, que es considerado como uno de los prosistas más importantes y originales de la lengua griega moderna. El libro de Emmanuel no se trató únicamente de una novela,  “La Papisa Juana,” es también un estudio de la Edad Media, en el que el autor, basándose en su erudito conocimiento de los textos medievales, narra la supuesta existencia de la mujer Papa que ocupó la silla de San Pedro en la Roma del siglo IX. Por su forma y trama, La Papisa puede ser calificada como una novela histórica, género muy del gusto de la época, pero su sentido último va mucho más allá.

Emmanuel Royidis en 1886

El libro siempre fue muy bien acogido por la crítica, aun siendo catalogada como una novela ligera, de fácil lectura, un “suflé” novelesco vamos, está basada en un profundo conocimiento por parte de Royidis del período en el que se sitúa a la Papisa, además de que va acompañada de numerosos documentos que apoyan la pretensión de su existencia real. El autor añadió al libro una larga y minuciosa lista detallando las diferentes afirmaciones tanto en pro como en contra de la posible existencia de la Papisa.

En 1904, veinte años después de que su novela fuera prohibida, Emmanuel Royidis falleció sin sospechar que alguien algún tiempo después resucitaría su gran obra.

“Creo en estas cosas porque son increíbles”

Tuvieron que pasar cincuenta años para ello. El autor que rescató el libro de Royidis asegura que simplemente caminaba una mañana junto a un amigo, también escritor, por un barrio de Atenas y al detenerse frente a una librería se fijó en un ejemplar algo desgastado que había en el escaparate, de él dijo textualmente “tostándose al sol”. Inmediatamente le llamó la atención por el título de la obra y porque era totalmente desconocido por él,  Lawrence Durrell, que así se llamaba el escritor y dramaturgo británico que quiso traducir el libro de Royidis del griego al inglés y recuperar esta historia medieval, publicó la obra poco después. Aunque se trata de una traducción, según los expertos bastante fidedigna, Lawrence omite algunas frases o comentarios de Royidis por ser excesivamente anti clericales y que tal vez rozan lo irrespetuoso,

De hecho, parece ser que es ese el principal motivo por el que la iglesia prohibió inicialmente el libro. Más que por la leyenda de la Papisa, la institución lo que verdaderamente condenó en el libro fue el trato que el propio Royidis dio tanto a Papas como a los diferentes miembros de la iglesia católica.

Lawrence Durrell

La Papisa en el tiempo

Lo cierto es que Royidis y los diferentes cronistas de los siglos XII, XIII, XIV que citan o se hacen eco de la leyenda de la Papisa no se ponen de acuerdo en cuanto a la situación de esta en la historia.

Algunos de esos hagiógrafos relacionan a la Papisa con el Papa Juan VIII, que, según los anales de los Papas, ocupó el trono de Pedro desde el año 872 hasta el 882, algo que no coincidiría con la descripción de la Papisa de Royidis, que aunque la llama Juana (y de ahí quizá venga esa asimilación) este le da un pontificado de poco más de dos años.

Pero Royidis asegura en su libro que la Papisa Juana sucedió al Papa León y aunque no especifica el número del mismo, si nos basamos en el año proporcionado por Royidis e incluso por algunos de los cronistas, encontramos que en el año 855 el Papa León IV falleció dejando su pontificio al desconocido Papa Benedicto III.  En honor a la verdad hay que decir que Royidis en su libro, en todo momento relaciona a su Papisa con el Papa Juan VIII, pero quizá esto solo  fuera debido a la creencia popular de la leyenda.

El Papa Benedicto III es todo un enigma, no hay registro del lugar y del año de su nacimiento,  se desconoce incluso el nombre que se le dio al ser bautizado y a ello hay que sumarle un pontificado breve y misterioso. Parece ser que la elección de este Papa no fue apoyada desde el principio por los emperadores de la época, Lotario y Luis el Germánico, que eran los protectores del antipapa Anastasio. Pero finalmente como Papa elegido en conclave vaticano de la iglesia católica ocupando el trono de San Pedro por, curiosamente, poco más de dos años (accede a la silla papal en el mismo año y durante el mismo tiempo que la Papisa Juana). Y lo que es más extraño todavía es el fin de ese pontificio que se produce por su inesperada muerte acaecida el 17 de julio del año 858. Poco más de dos años después de haber sido investido Papa.

Sabiendo esto y leyendo después el testimonio de Bartolomeo Platina, quien siendo secretario del Papa y bibliotecario del Vaticano en 1478, incluyó a la llamada Papisa en el canon de los Papas de esta forma:

“Papa juan VIII: de origen inglés, nacido en Mentz, se dice que llegó al papado por artes diabólicas ya que siendo mujer se disfrazó de hombre y que viajó con su compañero hasta Atenas, donde realizó tales progresos con los doctores que allí había que, cuando llegó a Roma encontró a pocos que pudieran igualarla y menos los que pudieran superarla, ni siquiera en el conocimiento de las Santas Escrituras, por medio de este conocimiento, sus inteligentes lecturas y su controversia ,alcanzó tanto respeto y autoridad que, al acaecer la muerte del Papa León, fue elegido Papa en su reemplazo. Yendo a la iglesia de Letrán, los dolores del parto la asaltaron y murió en el lugar tras haber permanecido dos años, un mes y cuatro días, y allí fue enterrada sin pompa alguna. Esta historia ha sido contada de esta forma vulgar por muchos autores inciertos y oscuros, por lo tanto la he referido al desnudo y brevemente para no parecer obstinado y pertinaz al admitir lo que comúnmente se cuenta, aunque prefiera equivocarme junto al resto del mundo, aunque lo cierto es que lo que he contado no pueda referirse a nada que no sea increíble.”

Representación medieval de la muerte  de la Papisa Juana

Podemos pensar en que realmente la novela de Royidis tenía bastantes fundamentos para ser escrita, desde luego no fue un invento del escritor, quizá sumó las leyendas, añadió sus ideas e incrementó el misterio, pero se basó en una realidad, en la realidad que muchas veces se esconde tras el mito.

La prohibición de este libro por la iglesia no hizo sino que acrecentar el mito. Pues si la autoridad eclesiástica no quería que la novela fuera leída y difundida, podría deberse tal vez a que no estaba interesada en que se investigara demasiado sobre el tema, pues no tiene mucho sentido que una novela  basada en una leyenda medieval sucedida mil años atrás (y suponiendo que fuera un simple mito) llegara a ser tan peligrosa y provocara que la iglesia se tomara tantas molestias en evitar que se conociera su contenido.

O simplemente todo era falso y no querían continuar engrandeciendo una mentira, tendremos que decidirlo nosotros.

Finalmente

He querido rescatar y compartir esta historia por un motivo bastante curioso. Del mismo modo en que el escritor Lawrence Durrell se encontró con un viejo y desgastado ejemplar de La Papisa Juana y su historia le animó a traducirlo y publicarlo para poder así difundir la historia escrita por Emmanuel Royidis, yo misma me topé con un ejemplar de este libro traducido por Durrell  (o quizá el libro se topó conmigo) en un puesto de una feria de libro de segunda mano. Como yo también desconocía la existencia de esta leyenda, nada más leer la novela quise saber más sobre ella y su mito y al igual que Durrell compartirla con todos aquellos que como yo hasta ahora, hemos vivido ajenos a su existencia

                                

                           Carolina García Alvarado

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