El nieto de Cleopatra

El destino de la última reina de Egipto y su amante romano es conocido por muchos. Cuando Cleopatra VII y el general romano Marco Antonio fueron vencidos finalmente por el imperio romano, los sueños de Egipto y de la última de sus reinas se desvanecieron.

Cuenta la leyenda que la gran reina, antes de morir, le pidió a Augusto que permitiera vivir a sus hijos, que como descendientes de reyes merecían la clemencia del gran emperador. Augusto le concedió este último deseo y no solo perdonó la vida a los vástagos de Cleopatra y Marco Antonio, sino que además accedió a que crecieran en uno de los mejores entornos de Roma. La casa de la noble Octavia.

Los hijos de Cleopatra

Cleopatra fue madre hasta cuatro veces. Antes de conocer a Marco Antonio mantuvo un romance muy intenso con el dictador romano Julio César, que la historia acabó por romper cuando este fue asesinado bajo la conjura de los que tiempo atrás habían sido sus amigos.

En el año 47 ac en Alejandría y fruto de este amor nació el pequeño Cesarión (que en griego significa “pequeño César”) por quien su madre sentía verdadera pasión y debilidad. Para Cleopatra y el resto del mundo en él se encarnaba el poder, el poder de las grandes potencias del mundo antiguo, la magna Roma y el rico y poderoso Egipto.

Casarión, Ptolomeo XV

Tras la muerte de su tío, Ptolomeo XIV, que se cree fue envenenado por su propia hermana, el joven Cesarión se convirtió en corregente de su madre. Gobernó Egipto junto a Cleopatra y como subordinado, también compartió junta a ella los títulos de reyes de Chipre, Libia y la parte sur de Siria. Y tras la muerte de Cesar, en las Donaciones de Alejandría, fue nombrado rey de reyes, por Marco Antonio, a la vez que se le proclamaba hijo y heredero legítimo de César, pese a que él nunca llegó a reconocerlo. Esta declaración por parte de Marco Antonio fue la causa de la ruptura definitiva en sus relaciones con Octavio Augusto, pues a este le inquietaba el hecho de que Cesarión hubiera sido anunciado como el hijo legítimo de César y su heredero. Y es que para Octavio el único poder hasta ese momento descansaba fundamentalmente en el hecho de ser considerado el heredero del César por adopción, lo cual le garantizaba el apoyo del pueblo romano y la lealtad de las legiones.

Por ese motivo, Cesarión nunca alcanzaría la mayoría de edad, en el mes de agosto del año 30 ac, cuando tenía diecisiete años, después de haber estado escondido en el puerto de Berenice por recomendación de Cleopatra ante el ataque de Octavio, regresó a Alejandría confiando en que su vida ya no corría peligro y fue finalmente asesinado.

Cleopatra VII y Cesarión en el templo de Dendera

Cleopatra nunca supo de su muerte pues resultaron ser casi simultáneas, mientras que Octavio derrotaba a la pequeña flota egipcia en la batalla del Accio, Cesarión era asesinado por los hombres del emperador en Alejandría.

De la relación entre Cleopatra y Marco Antonio nacieron tres hijos, los mellizos Alejandro Helios y Cleopatra Selene y el pequeño Ptolomeo Filadelfo. Octavio decidió que el mejor lugar para que crecieran sería la residencia de una de las mujeres más queridas y admiradas en toda Roma.

Cleopatra Selene y Alejandro Helios

 

Octavia era la hermana del emperador Octavio Augusto pero también había sido la esposa romana de Marco Antonio. El general romano, que aunque se había casado con Cleopatra a través de una ceremonia egipcia antes de morir, nunca llegó a separarse realmente de Octavia, así que ahora, como viuda a efectos legales, debía tutelar a los vástagos de la pareja.

Que irónico resulta el hecho de tener que cuidar a unos niños que fueron el resultado de la traición de su esposo. Pero Octavia, noble de corazón y piadosa ante el dolor que debían sufrir los pequeños huérfanos, no dudo en acogerlos como propios y proporcionarles el amor del que el destino les había privado.

 

El jardín de Octavia

Cuando Octavia solo tenía catorce años se casó con el cónsul Cayo Claudio Marcelo a través de un matrimonio concertado por su padrastro Lucio Marcio Filipo, de la dinastía de los Claudios, un hombre veinte años mayor que ella que falleció poco más de diez años después de celebrarse el matrimonio. Octavia se convirtió en viuda por primera vez con solo veinticinco años y siendo madre de tres hijos, Marco Claudio Marcelo y dos niñas llamadas igual, Claudia Marcela, que para distinguirlas en la historia de una se dice la mayor y de la otra, que fue la abuela de la emperatriz Mesalina, la menor.

Solo habían pasado unos meses desde que enviudó pero el destino ya le había preparado a Octavia un segundo matrimonio. El elegido esta vez sería Marco Antonio, un general romano que ya había estado casado tres veces y que había quedado viudo tras la muerte de la última de sus esposas, Fulvia, y que además ya contaba con dos hijos de ese matrimonio. En la casa de Octavia ya vivían cinco niños cuando nacieron las dos hijas del matrimonio, las dos Antonias, distinguidas de nuevo por la historia como Antonia la mayor, que sería la abuela del futuro emperador Neron, y Antonia la menor, madre del emperador Claudio. Y de esa forma y con una casa repleta de infantes vivieron durante algunos años en una villa de Atenas, hasta que Marco Antonio viajó a Egipto y quedó cautivado por el esplendor y la suntuosidad de Cleopatra.

Y aunque estas hubieran sido vastas razones para no asumir el cuidado de los tres huérfanos de su marido y amante, la bondad de Octavia quedó patente de nuevo a través de la aceptación de lo que ella consideraba su deber.

Ni habiendo sido traicionada y humillada por Marco Antonio ante Roma y el mundo, mostró jamás un semblante de vergüenza o dolor, la virtuosa Octavia pasaría a la historia como la nobleza hecha mujer.

Busto de Octavia en el museo dell Ára Pacis en Roma

Cleopatra Selene

Los pequeños Ptolomeo y Alejandro no alcanzarían nunca la edad adulta. No se conocen ni se tienen datos de cómo y cuando murieron, pero es sabido que desaparecieron de la historia años antes de que la última de las Cleopatras fuera entregada en matrimonio.

Sucedió cuando esta contaba con la misma edad que tenía Octavia cuando contrajo matrimonio por primera vez. Por orden del emperador Octavio, Cleopatra Selene se casó con Juba II, rey africano del país de Numidia (antiguo y desaparecido reino bereber africano que comprendía Argelia y parte de Tunez).

Cleopatra Selene
Juba II

Hacia el año 26 ac, Cleopatra Selene abandonó la casa de Octavia para viajar junto a su marido hasta Numidia y gobernar el país. Parece ser que Octavio proporcionó a Cleopatra una generosa dote a cambio de que esta, como reina de su país se mostrara aliada de Roma.

Los nativos de Numidia desconfiaron siempre de la pareja ante sus conductas excesivamente romanas y los recién casados no pudieron gobernar durante mucho tiempo, tuvieron que abandonar sus dominios y trasladarse a la cercana Mauritania, que era estado vasallo de Roma. Una vez establecidos y reconocidos como monarcas por el emperador Octavio, fundaron la capital, a la que llamaron Cesarea en su honor.

Cleopatra mantenía una relación bastante cercana a Juba y fue partícipe tanto en la política como en el desarrollo del comercio del reino de Mauritania. Los jóvenes soberanos fueron padres hasta tres veces aunque la fatalidad hizo que solo uno de esos nacimientos sobreviviera hasta una edad madura.

De la vida de Cleopatra Selene en Mauritania no se ha encontrado mucho, exceptuando algunas monedas y algún documento del que se puede dilucidar que al igual que su madre siempre fue una mujer de fuerte carácter y voluntad, que siempre se mostró orgullosa de su pasado griego y egipcio y que nunca adoptó completamente las costumbres romanas, acabó sus días bajo el mismo sol que su madre, el africano.

La última Cleopatra exhaló por última vez en el año sexto de nuestra era. Su amado esposo hizo construir como tumba un monumental mausoleo con el fin de que en el futuro ambos pudieran descansar en el.

Mausoleo real de Mauritania donde descansan los restos de la reina Cleopatra Selene y el rey Juba II

 

El último Ptolomeo

El ocaso de una dinastía, el final de una familia, el despertar de un sueño…”

La estirpe de Cleopatra Selene y Juba se redujo a un único hijo. Ptolomeo de Mauritania quien heredó de su padre el trono del estado de Mauritania en el año 23 de nuestra era. La figura de Ptolomeo representaba en sí misma el poder y el dominio de diferentes reyes y emperadores. Por un lado, a través de su padre que a su vez también fue hijo de reyes, su madre, hija y descendiente de los faraones de Egipto, y su abuelo, Marco Antonio  de la familia Antonia, así como pariente lejano de Julio César y la dinastía Julio-Claudia. Del mismo modo, también era primo del emperador Claudio y primo segundo de los emperadores Calígula y Nerón.

La sangre de los poderosos corría por sus venas y el esplendor de un insigne reinado podía vislumbrarse ya en su horizonte. De Ptolomeo de Mauritania sabemos que fue un gran gobernante, fue él quien puso fin a la larga guerra con las tribus locales que asolaban África en contra de Roma desde hacía años. Mantuvo y reforzó el comercio mauritano a través del mediterráneo y siempre se mostró fiel y leal a su pueblo.

Ptolomeo de Mauritania, busto encontrado en el yacimiento de Cesarea, año 30-40 de nuestra era

Una más de las locuras de Calígula

En el año 40 de nuestra era, teniendo Roma como emperador al extático Calígula, primo segundo de Ptolomeo, fue invitado directamente por él para que visitara Roma. No parece que tuviera ninguna premeditación en principio pues Ptolomeo fue recibido con honores por el emperador. Pero según nos cuenta Suetonio en su libro “Vidas de los doce Césares”, un día en el que Ptolomeo acudió a un espectáculo de gladiadores, este vestía una capa púrpura tan brillante y majestuosa que atrajo la admiración de todo el público dejando en un segundo plano al emperador. Calígula en un ataque de celos, ordenó su ejecución de inmediato. Aunque algunos autores modernos sostienen la idea de que Calígula lo que pretendía era anexionar Mauritania a Roma definitivamente y que esta dejara de ser simplemente un vasallaje del Imperio. Aunque es más fácil pensar que tal brutalidad no fuera mas que otra de las locuras y excentricidades del emperador, pues la anexión de un reino vasallo al imperio no conllevaba demasiada dificultad en tiempos de Calígula.

No existe ninguna referencia acerca del lugar de enterramiento del último de los Ptolomeo, la historia no ha querido desvelarlo todavía, quizá algún día su última morada y la de su fascinante abuela sean al fin encontradas. Se dice que Ptolomeo de Maruritania tomó antes de morir una esposa y de esta unión nació su única hija, Drusila, y que de ella se decía que descendía la legendaría Reina Zenobia de Palmira, aunque como tantas otras historias de la historia, no existen pruebas que lo confirmen, mientras tanto solo cabe conjeturar, fantasear e imaginar que fue de aquellos que un día gobernaron o pudieron gobernar el mundo conocido.

            Carolina García Alvarado

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