Los 47 Ronin

Un ronin (literalmente “hombre ola”, un hombre errante como una ola en el mar) era un samurái sin amo durante el período feudal de Japón, entre 1185 y 1868. Un samurái podía no tener amo debido a la ruina o la caída de éste, o porque perdía el favor de éste.

A comienzos del siglo XVIII, el Japón feudal era un país un poco inestable. Si bien el emperador era el máximo mandatario del país, contaban las malas lenguas que el poder residía en el shogun Tokugawa Tsunayoshi, quien manejaba desde las sombras los hilos del país.

Este shogun (señor feudal) actuaba siempre con mucha cautela, sabía que tenía que mantener contento al emperador, por lo que le rendía pleitesía cada año nuevo enviandole regalos y emisarios. Tanto es así, que nombró a dos señores (Daymios) de su confianza, uno de ellos era Asano, señor del castillo de Ako, y el otro era el maestro de protocolo de la corte, el Señor Kira Yoshinaka.

La personalidad de ambos señores era totalmente diferente. Kira esperaba una fuerte compensación económica a cambio de sus servicios, sin embargo para Asano no procedía tal hecho, pues sus servicios debían entenderse como un deber para con el Shogun Tokugawa.

Ambas personalidades chocaban bastante. Con el paso del tiempo, la rivalidad y la tirria crecieron entre estos dos señores, explotando todo en un día de abril de 1701. Kira insultó a Asano públicamente, instándolo a desenvainar su espada. Asano respondió blandiendo su Katana en contra de su agresor hiriéndolo en el rostro. Asano, a consecuencia de este hecho, fue encarcelado. Dicho acto estaba terminantemente prohibido y penado con la muerte. Pese a las súplicas de sus hombres y los testimonios que culpaban de los hechos al mezquino Kira, Asano fue condenado a morir, infligiéndose el seppuku o hara-kiri, último honor reservado a todo samurái o daimio (señor feudal) sentenciado a muerte.

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Seppuku

El joven amo del señorío de Ako acató el veredicto sin protestas, practicándose el doloroso ritual de inmediato. Su viuda se exilió al Templo de Sengakuji, en Edo, mientras su castillo y sus tierras eran expropiados por el shogun, dejando a los samuráis a su servicio, que llevaban décadas con la familia Asano, convertidos en ronin.

La venganza de los Ronin

Fue el samurái principal del castillo de Ako, Oishi Kuranosuke, quien reunió a su alrededor en secreto a los más fieles servidores de su difunto señor, conjurándose para vengarse y hacer justicia, pues el caballero Kira había sido exonerado de cualquier culpa por el consejo del shogun.

Para que nadie sospechara, Kuranosuke se hizo pasar por un borracho y un vagabundo. Abandonó a su familia, a sus amigos, todo lo que poseía. Manchó su nombre y el de su familia, siendo esto una de las mayores desgracias que le podía ocurrir a un samurái. Cada día era un sufrimiento atroz, obsrvando cómo su familia y sus amigos sufrían por verle de ese modo. Se hacía pasar por ladrón, buscando pelea o incluso por mujeriego. Veintidós meses de penalidades pasó en este estado, tan solo para que no hubiera ni la más mínima sospecha de venganza. Lo mismo hicieron el resto de samuráis a servicio del señor Asano. Para el resto del mundo no se podía caer más bajo, pero en el fondo de sus corazones sabían que todo tenía un por qué.

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Adaptación cinematográfica

Inesperadamente, una noche de invierno, tras dos años de penalidades cuando ya nadie sospechaba lo más mínimo de estos vagabundos,  se alzaron en armas contra el malvado Kira. Estos Ronin sabían perfectamente que el único destino que les aguardaba, en el caso de conseguir la victoria, era la muerte: todos ellos serían condenados a su vez a practicarse el hara-kiri…

El 30 de enero de 1703, los 47 samurais, penetraron en la mansión del antiguo maestro de ceremonias, Kira Yoshinaka, y se enfrentaron a más de 200 enemigos. Tras innumerables combates lograron localizar al propio Kira, y consumaron su victoria decapitándole en el acto. Seguidamente, llevaron su “trofeo” a la tumba de su señor donde la depositaron como ofrenda, por fin habían conseguido su venganza. Todo el sacrificio había merecido la pena, por fin sus familias entenderían el por qué se habían apartado y habían mancillado su honor.

Finalmente todos los ronin se entregaron al emperador y acataron la sentencia con honor. Todos fueron condenados a practicarse el Seppuku excepto el más joven de ellos, quien fue perdonado.

El veinte de marzo de 1703 los 46 ronin condenados se hicieron el seppuku, siendo enterrados frente a la tumba de su señor, en el Templo de Sengakuji. Años después, gracias a su sacrificio, el nombre de la casa de Asano sería restaurado y su honor restablecido. Terminaba así el sangriento episodio conocido por los historiadores como Incidente de Ako o Incidente Genroku (aludiendo esto último a la Era del calendario japonés en que tuvieran lugar los hechos).

La historia terminaba, pero la leyenda no había hecho más que empezar…

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