La última morada de Germana y Fernando

La reina Isabel de Castilla, consorte del reino de Aragón ,Sicilia y Nápoles falleció el 26 de noviembre de 1504 a la edad de cincuenta y cuatro años. El testamento de la reina católica era claro y conciso. Legaba el trono a su primogénita, la infanta Juana, pero al mismo tiempo concedía a Fernando, su esposo, la administración y gobierno en su nombre del reino de Castilla. Todo ello hasta que el infante Carlos, hijo de Juana, cumpliese veinte años.

Los castellanos no querían ni aceptaban que un rey aragonés les gobernara, así que Fernando no tardó en trasladarse al reino de Aragón, dejando a su hija y esposo Felipe (el hermoso) como soberanos de Castilla. No sería por mucho tiempo, pues el joven rey Felipe fallecería al poco de tomar posesión del reino dejando como sabemos, a una Juana abatida y turbada que llegó ser poco más que un simple instrumento en manos de su padre y más tarde de su propio hijo.

Lo cierto es que el rey Fernando no guardó mucho luto por Isabel, y tan sólo un año después se había casado ya con la francesa Germana de Foix, hija de Juan de Foix (conde de Etampes y vizconde de Narbona) y de Maria de Orleans hermana de Luis XII de Francia. Germana sólo contaba con dieciocho años por ello Fernando estaba seguro de que no tardaría mucho en concebir un heredero al que poder legitimar como sucesor. Pero el destino quiso que el único hijo que Germana diera a luz, no sobreviviera más que unas pocas horas.

Germana de Foix

Siete años después, en 1516,  el rey Fernando muere y es sepultado por deseo suyo, junto a Isabel, su primera esposa, en la Capilla Real de Granada.

Germana había quedado viuda con solo veintinueve años, una viuda demasiado joven y muy rica. Fernando el Católico le había dejado unas rentas anuales de 50.000 florines, aunque solo en usufructo de viudedad, en caso de que volviera casarse no podría cobrarlo.

Y no parece que esa condición le importase en demasía (la presión por las habladurías de su cercana relación con el emperador Carlos I también agilizaron esta boda), pues en 1519 Germana se casa por segunda vez con Juan de Brandenburgo-Ansbach, virrey de Valencia. Pero el destino quiso de nuevo que Germana se convirtiera en viuda demasiado pronto. Juan, que solo tenía treinta y dos años, murió solo seis después de contraer matrimonio. La pareja tampoco dejará ningún hijo que perpetúe sus ilustres apellidos.

Al menos Germana continuó manteniendo el título de virreina de Valencia, seguía siendo una viuda joven, rica y poderosa y por ello, en 1526 se concertó un tercer matrimonio por orden del emperador Carlos.

Fernando de Aragón y duque de Calabria, con el mismo nombre que su primer esposo, tenía treinta y ocho años, exactamente la misma edad que Germana. Fernando era el primogénito del rey de Nápoles Federico I y de Isabel del Balz. Existe un dato significativo y curioso en la formación de esta pareja. Y es que por ironía y deseo del destino, cuando Fernando solo era un adolescente, él y la familia real de Nápoles fueron sitiados y hechos prisioneros en Tarento por las tropas españolas, dirigidas por el rey Fernando el católico. Tendrían que pasar hasta veinte años, para que otro rey español, el emperador Carlos ,lo liberara de su cautiverio. Quien iba a imaginar que un cautivo de la corona española se casaría años después con la misma mujer que su católica majestad.

Fernando de Aragón, duque de Calabria

Como virreyes de Valencia, la pareja residió en Liria, muy cerca de la capital. Tampoco este tercer matrimonio consiguió que Germana tuviera descendencia y tras unos felices años de convivencia junto a Fernando, murió en 1538 con cuarenta y nueve años víctima de la hidropesía.

Solo unos días antes de su muerte, Germana había hecho testamento de forma conjunta con Fernando. En él expresaba su deseo de ser enterrada en un monasterio de la Orden de los Jerónimos y de que todos sus bienes serían en beneficio de su marido Fernando. Este había hecho lo propio con los suyos, al no tener descendencia uno a otro se legaron sus posesiones, indicando que en el momento de que se encontraran fallecidos los dos, sería la Orden de los Jerónimos quienes se encargarían de administrar sus bienes.

El monasterio de San Miguel de los Reyes

Vista del monasterio en la actualidad

En Valencia todavía no existía ningún monasterio que perteneciera a la orden, así que tanto Germana como Fernando habían elegido previamente el lugar donde se alzaría finalmente el monasterio. Cercano a Valencia, en el camino real de Murviedro y sobre las ruinas de lo que tiempo atrás había sido un monasterio de la Orden del Cister.

Ruinas encontradas en el claustro norte tras la última remodelación del primitivo monasterio de la Orden del Cister

Una bula papal hizo que en 1544 el antiguo monasterio de San Bernardo fuera suprimido para pasar a pertenecer a la Orden Jerónima con el nombre de San Miguel de los Reyes. Las obras dieron comienzo en 1548. Fernando de Aragón apenas pudo ver como se colocaba la primera piedra pues solo dos años después del inicio de la construcción del complejo, fallecería también, legando a los monjes toda su fortuna y la inmensa biblioteca que poseía

La fortuna del duque hubiera sufragado totalmente el coste de las obras, pero debido a un saqueo producido en el palacio de Fernando, la construcción se demoró hasta veinte años  después y  es finalmente en 1601 cuando la iglesia del monasterio se inicia.

Claustro sur
Antiguas celdas de los monjes Jerónimos
En la actualidad ya no se ofician misas, el espacio se usa para charlas y conferencias temáticas
En el altar mayor se puede ver la figura del arcángel Miguel, en cuyo honor se levanta esta iglesa

Finalmente ambos esposos son enterrados en una pequeña cripta del monasterio, bajo el presbiterio de la iglesia. Los dos sepulcros son prácticamente iguales, únicamente se diferencian por los distintos escudos de cada uno.

Sepulcro de Germana de Foix
Sepulcro de Fernando de Aragón

Se dice que además de Fernando y Germana hay dos cuerpos más enterrados en la cripta, probablemente de dos parientes del duque de Calabria, aunque no hay registros que corroboren la identidad de esos restos. La cripta a día de hoy se puede visitar. El 29 de Septiembre, en el día de San Miguel, ocurre algo muy curioso en su interior, y es que ese día exactamente a las diez de la mañana, un rayo de luz atraviesa una pequeña ventana que se encuentra en la cripta para iluminar directamente el lugar donde reposan los restos de Germana y Fernando. Con este pequeño hecho que ocurre una única vez al año, han conseguido, aunque sea de una manera romántica, que las figuras de los que un día fueron virreyes de Valencia, sean eternas, pues pese al paso del tiempo, siempre habrá alguien dispuesto a visitar el monasterio en busca de ese haz de luz que por un momento infunde vida allí donde el resto del tiempo no parece que exista.

El silencio mantenido durante tanto tiempo ha quedado impregnado en sus muros…

Los diferentes usos del monasterio

Tras la desamortización de la iglesia en el siglo XIX,  el monasterio dejo de pertenecer a la Orden de los Jerónimos para pasar a ser propiedad del estado. En 1835 todos los libros y manuscritos que se conservaban en el monasterio fueron enviados al Museo de Bellas Artes y a la Universidad de Valencia. Hasta 1859 el monasterio, que no se encontraba en buenas condiciones ,se usó como asilo para indigentes y desfavorecidos. Hasta que tiempo después se acondicionó y se convirtió en el penal de San Miguel de los Reyes.

Fotografía realizada en el siglo XX
Fotografía que recoge un incendio en el penal en 1911

Tras casi un siglo de uso como presidio, en 1966 el monasterio de nuevo fue adaptado y reformado para pasar a ser el colegio público Reina Doña Germana.

Patio del colegio Reina Doña Germana en los años setenta
La fachada Principal del monasterio aún conserva parte de la piedra y de los muros originales

Como centro docente lo cierto es que no funcionó realmente pues poco más de dos décadas después cerró sus puertas definitivamente.

El monasterio tenía un gran potencial, pero necesitaba de muchas reformas y de una gran restauración arquitectónica para convertirse en el gran proyecto que se había diseñado para él. Y finalmente , en 1999  y tras una gran remodelación, el monasterio se inauguró como sede de la Biblioteca de Valencia. No se trata de una biblioteca de préstamo, en San Miguel de los Reyes cualquiera puede acceder a los libros y archivos que allí se conservan y restauran, pero ninguno de ellos sale nunca de la biblioteca. Básicamente allí se encuentran obras editadas o producidas en la Comunidad Valenciana, bien sobre la comunidad o que estén relacionadas con la cultura y lengua valencianas, aunque se hayan editado o producido fuera de la misma. Así como todas las obras escritas por escritores valencianos.

Los diferentes usos y funciones que se han desarrollado en San Miguel de los Reyes lo han convertido en un lugar que rezuma historia a través de cada rincón. La tranquilidad y sosiego de un monasterio del siglo XVI, el dolor y la aflicción de los presos mientras cumplían sus condenas, la algarabía y felicidad de niños ajenos a la tristeza de sus muros y finalmente el trabajo y la dedicación de aquellos que luchan por rescatar y preservar nuestra historia. Sin duda, un lugar imprescindible que no puede dejar de ser visitado.

El enigma del testamento de Germana

Como toda gran historia que se precie, esta también contiene un misterio y una leyenda. La incógnita comienza años antes de la muerte de Germana. Cuando su primer marido, Fernando el Católico fallece, su nieto Carlos el futuro emperador, recibe una carta días antes escrita por el rey Fernando en la que le pide, además de que se asegure que Germana cobre las rentas anuales que se han dispuesto, que cuide y proteja a su abuelastra ya que  “Pues no le queda, después de Dios, otro remedio sino sólo vos” expresó textualmente.

Testamento de Fernando el Católico. fechado el 22 de enero de 1516. Archivo de la Corona de Aragón

Cuenta la leyenda y las habladurías de la época que Carlos tomó muy en serio aquellas palabras de su abuelo y que cuando este llegó a España desde Flandes con apenas diecisiete años quedó de prendado de la gran belleza de Germana, que todavía no había cumplido los treinta años.

La coronación de Carlos se acercaba y los rumores en la corte de una posible relación entre el joven infante y la viuda de su abuelo no hacían más que acrecentarse, por eso el segundo matrimonio de Germana debía de celebrarse lo antes posible. Como así lo fue también el tercero al volver a enviudar, lo mejor para la Corona y el Emperador era mantener casada a Germana.

El emperador Carlos además de tener hasta cinco vástagos con su esposa la reina Isabel de Portugal, también tuvo varios hijos ilegítimos. Margarita, Juana, Tadea, Isabel y Juan de Austria, todos ellos hijos bastardos fruto de relaciones extra matrimoniales, que en ningún caso alcanzaron el título de infante de España, pues la ley así lo recogía. Aquí es donde aparece el misterio. En su testamento, Germana expresa su deseo de legar sus bienes a su esposo y a la orden de los Jerónimos, pero detalla con claridad que deja su collar de perlas, que es uno de sus bienes más preciados, a la infanta Isabel de Castilla, hija de su majestad el emperador.

“Ittem, llegamos (sic) y dexamos aquel hilo de perlas gruessas de nuestra persona, que es el mejor que tenemos, en el qual ay Çiento y treynta (sic) tres perlas, a la sereníssima doña Ysabel, Ynfanta de Castilla, hija de la Mat. del Emperador, mi señor e hijo, y esto por el sobrado amor que tenemos a Su Alteza”.

No parece entendible porque Germana regaló su valioso collar de perlas a una hija del emperador, tampoco tiene ninguna explicación el trato que da Germana a Isabel, llamándola infanta. También surge el enigma de ¿porque si conocemos los nombres de todas las madres de los hijos ilegítimos del Emperador Carlos, no sabemos quién fue la madre de esta  enigmática Isabel de Castilla?

Lo que infunde más veracidad a la idea de que Germana pudo ser la madre de Isabel fue una carta que se encontró fechada pocos días después de la muerte de Germana escrita por el duque de Calabria y dirigida a la reina Isabel que en última instancia, rezaba así:

«Con ésta irá la copia del dicho testamento autenticada, porque por ella vea V. Mag. el legado de las perlas que dexa a la serma. infanta doña Ysabel, su hija. V. Magd. mandará screuirme si es servida que se le embien con hombre propio, o si será servida embiar por ellas, o lo que más fuere de su servicio…»

Lo único que sabemos de la infanta Isabel es que ingresó en el convento de Nuestra Señora de Gracia del Madrigal en Ávila siendo una niña, y que murió allí poco antes de cumplir los veinte años. Paradójicamente acabó sus días del mismo modo en que lo hizo su abuela paterna, tras los silenciosos muros de un convento. No existe ningún retrato atribuido a la infanta Isabel para que podamos recordarla, hasta su propia existencia es un gran misterio para los historiadores. Sin embargo, la propia leyenda y el enigma de su historia harán posible que su recuerdo aún a día de hoy se mantenga vivo.

                              Carolina García Alvarado

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