La Divina Augusta

Fue la primera, la eximia, la perfecta, la divina. Esposa del primer Augusto, madre del emperador Tiberio, abuela, bisabuela y tatarabuela de los emperadores Claudio, Calígula y Nerón. La primera emperatriz que tuvo el Imperio Romano no fue la primera esposa de Octavio Augusto, ni siquiera la segunda y es que el de Livia Drusila fue  el tercero de los matrimonios del emperador. Aunque tampoco para ella este fue su primer marido. Cuando solo contaba con 15 años fue conducida hasta el matrimonio con el cuestor romano Tiberio Claudio Nerón, que tenía 25 años más que ella y que además era su primo. Se desconoce si el amor llegó con los años o simplemente cumplieron con lo establecido, pero lo cierto es que en poco tiempo tuvieron dos hijos. Uno de ellos llamado Druso y otro llamado de la misma forma que su padre, que se convertirá en unos años en el segundo de los emperadores romanos, Tiberio.

El primer marido de Livia, era opositor al gobierno de Augusto siendo seguidor del triunviro Marco Antonio, por eso, hacia el año 43 a.c  el matrimonio fue exiliado a Sicilia. Aunque no por mucho tiempo, y es que Octavio perdonó a todos los rebeldes e insurrectos a su mandato permitiéndoles que regresaran a Roma y recuperaran todas sus posesiones. Esto hecho se interpreta también como una búsqueda de nuevas alianzas por parte de Octavio, y es que no hay que olvidar que, Livia pertenecía a la  respetada familia Claudia, cuyo origen se remontaba a las familias fundadoras del Imperio Romano.

Y Octavio se enamoró

Se desconoce como sucedió, pero algunas fuentes antiguas nos cuentan como Octavio se enamoró perdidamente de Livia nada más verla. Pese a que ambos se encontraban casados en ese momento, Livia con dos hijos y Octavio que iba a ser padre en poco tiempo, pues su esposa Escribonia se encontraba embarazada, el emperador no encontró impedimentos para que se divorciaran casi al mismo tiempo, el marido hasta ese momento de Livia ,incluso la condujo hasta el altar ( “Como lo habría hecho un hermano”  escribiriá mas tarde Dión Casio. En el Imperio Romano no eran necesarios demasiados argumentos para solicitar un divorcio, bastaba con expresar el deseo de hacerlo ) contrayendo enlace el mismo día que Octavio fue padre por primera y última vez en su vida.

Virgilio leyendo la Eneida a Augusto, Octavia (hermana del emperador) y Livia. Cuadro de Jean Baptiste Joseph Wicar

 

Dupondio que muestra la imagen en una de sus caras de Augusto y en el otro la de Livia.
Estatua de Livia ataviada como Ceres(Museo del Louvre, París)

 Augusto tenía tanta fe y confianza en Livia que le consultaba frecuentemente sobre cuestiones de estado (de hecho muchos historiadores la han llamado la mano derecha del César) y le permitió administrar siempre sus propias finanzas, dedicándole además una estatua pública. Livia tuvo y mantuvo siempre su propio círculo de clientes y colocó a muchos de sus protegidos en puestos oficiales. Durante toda su vida, Livia gozó de la popularidad del pueblo romano. Para ser más que la “mujer bonita”, como la describen en los textos antiguos. Livia se sirvió de la imagen del ideal de mujer romana desde la figura maternal hasta la de una diosa que representa y alude a la virtud. Livia, simbolizaba el poder en la renovación de la República con las mujeres y tuvo un efecto espectacular en la representación visual del futuro imperial de la mujer como ideal de honorables madre y esposa romana.

 La mujer del César no solo ha de ser honrada, también debe parecerlo

 A pesar de su riqueza y de su poder, la familia imperial siempre vivió modestamente en su casa del Palatino. Livia fue el paradigma de la matrona romana: nunca llevó excesiva joyería ni vestidos pretenciosos, se ocupó de las labores domésticas y de su esposo, tejiendo ella misma en ocasiones sus ropas.

Fueron un matrimonio fuerte y feliz y no se separaron nunca en los más de cincuenta  años que este duró. Como no tuvieron hijos juntos, los hijos de Livia, Druso y Tiberio fueron tratados casi como propios, concediéndoles a ambos por parte de Octavio mandos militares e importantes puestos públicos. Tiberio incluso compartió los poderes tribunicios de Augusto.

Augusto representado en la fachada del templo de Kalabsha en Nubia

 “Acta est fabula ¡plaudite!

“La comedia ha terminado ¡Aplaudid!” Esas fueron las últimas palabras del emperador en su lecho de muerte según Suetonio. Tenía 72 años y se encontraba en Nola visitando la tumba de su padre junto con Livia y sus hijos. Octavio sufrió durante toda su vida de numerosas enfermedades crónicas pero pese a ello vivió mucho más que cualquier hombre de su tiempo. Su testamento y su legado quizá sorprendieron a algunos.

 Aunque en honor a la verdad hay que decir que sus últimas palabras públicas fueron: «Mirad, encontré una Roma hecha de ladrillo, y os la dejo de mármol». Y es que Octavio realmente, en su infinita vanidad, cualidad máxima en los emperadores romanos, se creía un verdadero dios, una divinidad que en este caso había resultado ser mortal. Una gran procesión funeraria de plañideras viajó junto con el cuerpo de Augusto desde Nola hasta Roma, y el día de su entierro cerraron todos los negocios, tanto públicos como privados.

​ Confinado en su féretro, el cuerpo de Augusto fue cremado en una pira cerca de su mausoleo, más tarde se proclamó que se había unido con los demás dioses como un miembro más del panteón romano.​ Lamentablemente en el siglo V, durante el saqueo de Roma, los Godos asaltaron el mausoleo dispersando y destruyendo las cenizas de Augusto.

Augusto como magistrado, la cabeza de mármol de la estatua fue esculpida c. 30-20 a. C., y el cuerpo en el siglo II a. C.(Museo del Louvre, París)

Algunos historiadores consideran que los indicios apuntaban como heredero al trono al hijo de la hermana de Augusto, Marco Claudio Marcelo. Pero el testamento del emperador no albergaba ninguna duda, designaba como nuevo César al hijo de Livia, Tiberio.

Siempre se ha señalado a Livia como la mujer que instigó e Indujo a Octavio a realizar tal elección, pero lo cierto es que Tiberio no solo era el hijo de su mujer, también fue adoptado por el emperador diez años antes y era una persona sumamente estimada por  Octavio, contando además con sobradas cualidades tanto políticas como militares para convertirse en César, además se había casado recientemente con la hija del Emperador, Julia.

Así que el 17 de Septiembre del año 14 de nuestra era, Tiberio fue proclamado Princeps de Roma. (fecha que correspondería al 19 de Agosto del año 767 desde la fundación de Roma).

¿Todo por un hijo?

Dicen que la relación de Tiberio con su madre Livia siempre fue fría y distante. Sobre todo desde el momento en que Tiberio fue obligado a divorciarse de su primera esposa, Vipsania Agripa, de la que estaba profundamente enamorado para contraer matrimonio con Julia, la única hija de Octavio. Si fue el emperador por sí mismo o Livia tuvo algo que ver en esta decisión no lo sabremos nunca. Lo que si parece ser cierto, a tenor de lo que nos indican fuentes antiguas, es que el matrimonio de Tiberio con Julia no fue nunca realmente feliz, de hecho solo tuvieron un hijo que murió durante la infancia.

Los rumores y las intrigas de la época nos hablan de algunos sucesos, que de ser ciertos,  significarían que Livia había sido la instigadora de crímenes y asesinatos de todos aquellos que en algún momento pudieron ser sucesores al trono de César: “Se escuchó el rumor de que, cuando Marcelo, sobrino de Augusto, murió en 23 a. C., no fue por muerte natural, y que detrás de esto se encontraba Livia, Uno por uno, todos los hijos de Julia y Marco Vipsanio Agripa(Primer marido de Julia) habían muerto prematuramente: en primer lugar Marcelo y, a continuación, Lucio y Cayo, a quienes Augusto había adoptado como hijos, con la intención de que fueran sus sucesores. Por último, Póstumo Agripa, el menor, a quien Octavio había adoptado como hijo también, fue encarcelado por conspiración y finalmente muerto”. Tácito y Dión Casio mencionan en sus obras estos rumores, pero Suetonio no hace mención de los mismos, así que no hay pruebas suficientes para darlos por válidos.

Pese a que Livia no tuviera nada que ver en el desarrollo de la historia, ella seguramente siempre deseó que su primogénito se convirtiera en el futuro emperador de Roma, y quizá ese empeñó fue lo que condujo a ese primer divorcio de Tiberio con su amada Vipsania, algo que parece que él nunca le perdonó.

De hecho Tiberio, cuando Livia murió en el año 29 de nuestra era, se negó a ejecutar su testamento. No sería hasta el año 41, cuando su nieto Claudio, la reivindicaría con todos sus honores y se completaría su deificación, proclamándola Diva Augusta (La Divina Augusta), recibiendo como símbolo un carro tirado por elefantes para transmitir su imagen en todos los juegos públicos. Se elevó una estatua en su honor en el templo de Augusto, junto con su marido y se celebraron carreras en su honor. Las mujeres romanas invocaron desde entonces su nombre en sus juramentos sagrados.

Su divinización suponía un refuerzo al simbolismo de la familia imperial romana, haciéndola modelo virtuosa de matrona y al mismo tiempo, junto con la divinización de su marido, implicaba dar también carácter divino a los descendientes de la dinastía Julia-Claudia.

Livia murió sola, en Roma, cuando tenía ochenta y siete años. Ni siquiera su hijo Tiberio acudió al funeral, prohibiendo además al senado la organización de los honores previstos al tratarse de una augusta.

Se cree que los restos de Livia fueron enterrados junto a los de Augusto en su gran mausoleo. Pero no existe certeza de ello, por tanto es una suposición

Mausoleo de Augusto en Roma

La Historia ensalza, envilece, honra y empequeñece todo a su paso. Muchos han sido los ignorados y otros tantos los enaltecidos. Nunca conoceremos la verdadera historia, porque solo un testigo podría contarla. Si ni siquiera los propios historiadores coinciden en sus propias versiones ¿Cómo no dudar de lo que pudo pasar? Como en tantas otras veces tendremos que contar con nuestra propia visión de la historia, una vez más la decisión es nuestra.

Carolina García Alvarado

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